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MITOS LABORALES

Realidad vs. "chamuyo" de uno, de los demás y de las empresas...

Decidí bautizar este artículo bajo el título de “mitos laborales” porque a lo largo de la formación profesional, laboral y, por qué no, personal, uno empieza tanto a construir mitos como a desmitificar los existentes.

Se podría decir que el origen de los mitos laborales viene dado por el “boca en boca”, los artículos que leemos para interiorizarnos más sobre el mercado laboral actual, redes sociales, comentarios de pasillo, de amigos, de conocidos, de familiares, las fuentes pueden ser miles, pero lo que termina haciendo, sin ánimo de ofender a las fuentes de buena voluntad y a la vez, condenando a las de mala, es entorpecer nuestro camino en pos del único objetivo que tenemos en mente: encontrar trabajo.

Entonces me digno en esta entrada a contarles algunos mitos que son necesarios desmitificar para que no sigamos incurriendo en un espectro tergiversador de la realidad laboral que atravesamos y podamos así diseñar nuestra estrategia de búsqueda lo mejor posible para –como se mencionó anteriormente- optimizar tiempos, optimizarnos nosotros, etc.

La famosa frase “si se de algo, te aviso”. Chicos, nunca nos avisan. Dejemos de delegar en otro la responsabilidad que es enteramente nuestra. Generalmente, por más que nosotros queramos avisarle al mundo acerca de nuestra situación laboral, les puedo asegurar por experiencia propia y con bastante conocimiento de causa, que nunca saben de algo y que de ser así (o no), nunca nos avisan. Entonces mi recomendación en este caso, es que mantengamos la búsqueda laboral abocada a nosotros mismos, esto es, a nuestros esfuerzos, y si realmente tenemos un círculo de confianza de verdadero compromiso en el que hay probabilidades de que en los trabajos de esas personas aparezca una posible oportunidad laboral, ok, entonces si pedimos el mangazo como quien dice, pero sino, no. Dado que, si hay algo por lo que nos podemos sentir abatidos es por el uso interminable de frases hechas, clichés y gastadas de otros que ya tienen trabajo y difícilmente puedan ponerse en su lugar y generar empatía con nosotros cuando estamos en una situación muy distinta a la de ellos, el “si se de algo, te aviso”, solo contribuye a que nos angustiemos más sobre nuestra realidad, en lugar de tratar de solucionarla. Muy probablemente, este tipo de frases nos frustren y nos condicionen en nuestra búsqueda laboral, porque incluso podemos llegar a parar la búsqueda porque tal o cual persona nos dijo que “el lunes seguro te llaman para…” o “te va a mandar un mail tal para convocarte a una entrevista”. Y rara vez esto sucede. De lo contrario, si bien no soy una persona que concentre ningún tipo de verdad infalible, los desafío a que lo prueben y luego me digan cuántas veces esas personas les dijeron que si sabían de algo, les avisaban. Yo todavía sigo esperando que me avisen.

Otro de los mitos que encuentro, es el que muchos de ustedes ya habrán sufrido con la gran, grandísima mentira de parte de la mayoría de las empresas de las que afortunadamente nos convoca a una entrevista. Suele suceder que cuando el encuentro va llegando a su fin, el reclutador nos dice “avisamos por sí o por no”. Lamento decepcionarlos e imagino que muchos de ustedes han atravesado por lo mismo pero, definitivamente esto no pasa. Han sido contadas con los dedos de la mano las empresas que se tomaron la molestia, el tiempo, la dedicación y la cordialidad en mandarme un mail o en llamarme (acto de mayor valentía aún por la conversación en tiempo real), para notificarme que no había quedado seleccionada en el proceso y como suelen decirlo ellos, habían decidido avanzar con otro perfil. Con esto intento reducir los niveles de estrés, expectativa, ilusión, ansias, nervios, frustración, enojo y ganas de ir a la empresa personalmente y decirles lo que el potencial empleado siente cuando le mienten en la cara. Por supuesto, esto último sería más que justo, pero desgraciadamente nada lograríamos ya que este tipo de actitudes las siguen manteniendo por los siglos de los siglos.

Siempre me tomo un momento a mitad de mis artículos para hacer algunas consideraciones y aclaraciones. Este blog no intenta por ningún motivo, rivalizar la cuestión de “empleado ó potencial empleado – empresa”, ya que como bien saben aquellos que me estuvieron leyendo, que tanto de un lado como del otro se suelen cometer muchos errores que terminan por enceguecer el proceso de búsqueda y consiguiente obtención de un trabajo.

Habiendo hecho esta aclaración, sigo.

Acerca del código de vestimenta. ¿Quién de nosotros no googleo acerca de qué ponerse para una entrevista? Hago un poco de justicia para los hombres quienes con un pantalón de vestir y una camisa suelen resolver un 70% u 80% de las entrevistas a las que se presentan. Pero, ¿qué sucede con las entrevistas a las que solemos asistir los comunicadores sociales? Aquellas ciencias que se alejan un poco de las que se consideran ciencias tradicionales (sépase: Economía, Abogacía, Ingeniería, entre otras), pareciera que entráramos en otro mundo laboral. Primero por el tipo de actividades que llevamos a cabo en los trabajos, pero también sobre un detalle no tan pequeño que cobra relevancia cuando hablamos del “dress code” (código de vestimenta). En nuestro caso, dada la gran proliferación de agencias de publicidad y relacionados, se suele utilizar ropa más “canchera”, esto es, urbana, informal, como la ropa que podemos usar en casa. Si bien es muy probable que como carta de presentación no vayamos necesariamente de zapatillas y short o bermudas, si se puede utilizar alguna camisa colorida, más liviana, remera y jean pero con zapatos algo más formales, etc. Es un gran intermedio o limbo indumentario, por llamarlo de alguna manera. Ahora, ¿dónde radica el mito? Que no hace falta vestirse formal para nuestros tipos de entrevista e incluso la extremada formalidad puede jugarnos en contra. Si, aunque usted no lo crea. Lo que más quieren ver las empresas es una actitud desenvuelta, espontánea, suelta, confiada, y rechazan la rigidez, inflexibilidad y seriedad que a veces la ropa formal puede transmitir antes de que abramos la boca. Cuidado.

Existen algunos mitos un poco más polémicos y por supuesto, rebatibles, como todo lo que escribo este blog, siempre sometido a cuestionamiento. Pienso que, muchas veces lo que termina por determinar la obtención de un trabajo es la actitud. Si, así como lo diría un artista al que odia la mitad de Buenos Aires pero no por ello, deja de ser un gran compositor argentino, Fito Páez, parece que obtener un trabajo es una cuestión de actitud. Es entonces la actitud que tomamos frente a ese trabajo, así como decidimos afrontar las tareas, el flujo, las improntas y los problemas que derivan del día a día laboral, lo que al final de cuentas nos permite llevar de una manera equilibrada las eventualidades que trae un trabajo así como también su naturaleza rutinaria. Por supuesto, como anticipé, este mito puede volverse un mito discutible, porque no necesariamente sea la única aptitud la actitud, sino que hay otros aspectos que se involucran en la decisión final de un reclutador a la hora de implementar un recurso. Es por ello que, los conocimientos, la experiencia previa, la capacidad de desenvolvimiento, entre otras, siempre supeditado al puesto que se requiere y las competencias para llenar esa vacante, pueden facilitar en mayor o menor medida, la elección de tal o cual candidato. Pero a veces lo que solemos creer que hace que nos elijan no es tan así.

Por último, un mito que me parece pertinente mencionar es sobre aquellos que dicen que mientras adentro de la empresa hay que mantener un perfil bajo y controlado, afuera no es necesario este tipo de actitud. Sucede que de acuerdo a la circunstancia en la que uno se vea envuelto en una relación laboral, no puede evitar hacer causa común con algún par sobre una situación que le acontece que puede ser o bien molesta o incluso positiva. Error. Personalmente lo he hecho y luego he caído en la cuenta que no es conveniente hacer ningún tipo de apreciación personal sobre lo que sea que este sucediendo en la empresa por dentro. Pero así como digo esto, quiero agregar una desmitificación. Tampoco afuera. Cuando se decide hacer un after office con los compañeros de trabajo, y a veces según como sea la relación, se incluyen los jefes del área, gente macanuda en la empresa quizás, no conviene desinhibirse con tanta soltura (más allá del alcohol que tengamos en sangre). Es muy probable que ante un contexto más relajado nos sintamos más inclinados a tomar una actitud que se adecue con ese contexto y con nuestros compañeros. Error de nuevo. No hace falta estar tieso y tensionado como si algo nos fuera a pasar o como si tuviéramos miedo de meter la pata. Pero si podemos ser moderados en nuestros comentarios, actitudes, acciones, declaraciones, opiniones, etc. Entiendo que a veces, muchas de las personas que conocemos en nuestra vida y que en numerosas ocasiones se conservan para toda la vida, son compañeros o ex compañeros de trabajo que posteriormente se vuelven amigos, pero al menos, mientras estemos ocupando una posición en tal o cual empresa, procuremos ser medidos y conscientes acerca de lo que vamos a decir y hacer, ya que el comentario vuela más rápido que la velocidad de la luz y podemos quedar expuestos incluso por haber sido amables.

Hasta ahora, este el rejunte de mitos desmitificados que pretendo que influyan en sus decisiones a la hora de encaminar su búsqueda laboral y cuando finalmente ocupen una posición en un trabajo en particular. No dejan de ser aproximaciones, entendimientos que se nutren y guían más por el sentido común que por un conocimiento estrictamente sometido a análisis y demostrado científicamente (aunque no descarto la necesidad de hacer determinados relevamientos sobre los comportamientos de las personas en el mundo laboral), pero si pueden resultar disparadores muy interesantes para detener un poco más la vista, ser más observadores y perspicaces acerca de lo que acontece en algo que formará parte de casi nuestra vida entera.

Como diría la Dra. Polo de Caso Cerrado, ¡hasta el próximo día!

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