EliSaint

EliSaint en -Ser o no ser comunicador- 11 de Setiembre de 2017

Dinero Tabú

Hace unos días atrás, escuchaba en Spotify una lista de reproducción de la banda británica Simply Red. Una de sus canciones se titula “Money’s too tight to mention”, en castellano: “el dinero está demasiado ajustado para mencionarlo”.

Ahora bien, ¿por qué traje a colación esta canción? Porque, como muchos de ustedes saben, a lo largo de mi búsqueda laboral como comunicadora social, me he encontrado con un sinnúmero de entrevistas en las que el dinero no sólo parece “ajustado” para ser mencionado, sino que se omite por completo.

A veces, me martirizo con una planilla Excel que diseñé para tener noción de las entrevistas que voy teniendo, la fecha en la que las tuve, la empresa de la que me convocan, la zona en la que se encuentra, si es full o part-time, si dije o dijeron (o ambas) la remuneración, si me gusta ese trabajo o no y finalmente, la respuesta tan ansiada: si quedé.

Les recomiendo (más allá de la martirización que este documento puede producirnos a veces), hacerlo.

Lo peculiar de esta planilla fue que a grandes rasgos, un 90% de las entrevistas que tuve, en ningún momento se dijo la remuneración. Siempre me pidieron a mí, y esto comenzó a parecerme un patrón sin mucha explicación o fundamento.

¿Por qué las empresas no comentan la remuneración que ofrecen en las entrevistas?

Aquí es donde comienzan las hipótesis y los invito a que agreguen las que les parezcan, o simplemente, que revean las existentes.

Una posible, es que al ser una primera entrevista con la empresa, por una cuestión de discreción, no se comente la remuneración y, de tener suerte, en una segunda entrevista se comenten más a fondo las condiciones de contratación en las que ahí sí involucre la remuneración ofrecida.

Otra hipótesis viable puede ser que, al solicitarnos remuneración pretendida, ellos parecieran no tener que “debernos” nada, se eluden completamente del asunto “salarial” pero, a la vez, abre un sinfín de especulaciones  sobre la comparación con otros candidatos a los que se entrevistó y la empresa finalmente toma la decisión de contratar al que menos pidió (y con suerte al que más sabía), pero uno como candidato nunca terminó sabiendo a ciencia cierta, cuánto nos iban a pagar.

A los que me siguen en este canal, siempre me tomo un pequeño impasse literario para hacer algunas aclaraciones sobre el tema que escribo:

Si quisiera remontarme a las antípodas sobre las que se erige el sistema de acumulación económica vigente, esto es, el sistema capitalista, diría (y digo) que, ninguno de nosotros que se encuentre en la búsqueda laboral, piensa vivir del aire. Por ende, cualquiera de nosotros por igual, necesitamos saber la remuneración que ofrece un trabajo a expensas de que nosotros hayamos dicho la remuneración sea por mail o en algún encuentro personal de esta índole.

Otra teoría más descabellada aún es que, decir “la cifra” en una entrevista, esté mal. Desde quedar desubicado por el simple hecho de preguntar cuánto le van a pagar a uno, hasta la sospecha de que decir algo semejante haga pensar a los reclutadores que solo nos interesa el dinero y no el trabajo.

De allí que de esta última idea se desprende la alusión al título de este artículo. El dinero en las entrevistas laborales se ha convertido completamente un tabú.

Hace no mucho tiempo tuve una entrevista grupal en QBE Seguros La Buenos Aires. La misma duró aproximadamente 2 horas. El personal fue muy agradable. Tuvimos tiempo de presentarnos cada uno, realizar una actividad de roles ya que la posición era para atención al cliente, y luego de que ellos presentaran a la compañía con los beneficios de la posición y los pormenores, dieron por concluido el encuentro. Lo cierto es que, para cuando ya estaba afuera del edificio, había olvidado por completo preguntar por la remuneración. ¿Me había olvidado o de una forma muy solapada las personas de RRHH habían logrado que no lo consultáramos? ¿O simplemente no tenían planeado informárnoslo?

Who knows.

A pocos días de ese encuentro, me digné a enviarle un mail a la reclutadora consultando por la oferta salarial. Me respondió casi instantáneamente informándome que solo decían esa información de avanzar en el proceso. O sea que, el candidato desempleado (mi caso), tenía que, gastar en viáticos, buena presencia, CV, y todo lo necesario que implica la búsqueda laboral en sí misma (pero en este caso con un solo proceso), y quizás luego de 3 encuentros de esta naturaleza, recién allí, conocer la remuneración. Para lo cual, de no interesar la propuesta económica, sería una mera pérdida de tiempo. Me remito nuevamente a la noción de que no vivimos del aire.

Entonces si bien este artículo pretende ser más una reflexión y una descripción de una peculiaridad que vine percibiendo a modo de síntoma en las entrevistas, es difícil determinar desde nuestros lugares de “simples candidatos que buscan trabajo”, el porqué de esta intriga.

No estoy acá necesariamente para resolver el acertijo, pero si quizás para que, en la medida que nosotros vayamos teniendo más y más entrevistas, nos preparemos para esa situación con la mejor de las predisposiciones (demás está decir que pensar en estas cosas, pueden sabotearlas), tratemos en la medida de lo posible, de “reclamar” ese derecho. Así como nosotros nos presentamos cumpliendo con todos (y a veces más) de los requisitos que nos piden, ellos nos deben algo. No deben el sueldo, nos deben el número. Puede existir la posibilidad de que no lo sepan, o no lo hayan acordado, ok. ¿Pero entonces? ¿Por qué convocan recursos si no saben cuánto van a pagar por ellos?

Me remito a algo muy simple y esta simplicidad acompañó, acompaña y acompañará todos los artículos que escriba en este canal: hay que hacer las cosas bien. Por supuesto, de los dos lados. Pero repito, hay que hacer las cosas bien. Como profesionales que somos, o como meras personas de bien, buena voluntad, éticas y responsables. Nosotros ya cumplimos con nuestra mitad, es hora de que ellos cumplan con la suya.

Hago un pequeño ápice para redondear. Ustedes se preguntarán ¿pero bueno, qué tiene que ver esto con ser o no ser comunicador social? Tiene que ver porque muchos de ustedes que eligieron estudiar lo mismo que yo, habrán notado que por diversos motivos nuestra profesión y consiguiente mercado laboral se ve muy menospreciado y desvalorizado. Desde las ofertas precarizadas, hasta los trabajos no pagos, pasantías que tienen esa misma modalidad, la competencia, la poca oferta y la enorme demanda últimamente. Este síntoma del “salario tabú” es muy recurrente en entrevistas de lo nuestro.

Cuando a veces hablo con mi novio, que es desarrollador y trabaja en el área de sistemas, su realidad paralela y contraria a la mía me dice que cuando lo llaman por teléfono para convocarlo a una entrevista, él automáticamente pregunta por el sueldo (si, telefónicamente, un atrevido, ¿no?). Y, automáticamente se lo dicen (si, telefónicamente). Ahí mismo, en ese aquí y ahora, él decide si vale la pena ir o no a esa entrevista y saber o no más sobre la propuesta laboral que tienen para ofrecerle.

Entonces, ¿por qué a ellos sí y a nosotros no? Y esto es solo un mero ejemplo ilustrativo, pero de verdad, pienso que la discriminación laboral, salarial, profesional y hasta científica (por no decir en realidad, humana) es lo que me termina de indignar.

Comparto esta experiencia pero también para remarcar el hecho de que tenemos que hacernos valer, y ese valor radica en que no solo nos paguen lo que nuestros conocimientos y trabajo realmente representa (una utopía, claramente), pero que tengan la mínima decencia de decirnos el sueldo y que deje (para siempre) de ser un tabú.

Hasta la próxima y prometo escribir más seguido.

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