REVIEW: "EL PADRINO: CABALLEROSIDAD RUSTICA"

Una triología digna de ser vista.

Ver “El Padrino” puede resultar una hazaña. Debemos saber que en primer lugar son tres películas, de casi tres horas cada una y que “sufre” la adaptación del aclamado libro de Mario Puzo, quien inspiró a los realizadores de la película homónima. Pero a expensas de estas vagas y quizás pesimistas líneas introductorias, lo que se relatará a continuación funcionará como aval y argumento que nos llevará a entender por qué esta película se ha vuelto un clásico, una que no puede faltar en nuestro itinerario cinéfilo, un tema de conversación y hasta un reclamo frente a aquellos que no la han visto todavía.

La famosa trilogía, trata de una familia mafiosa ítalo-americana que atraviesa por situaciones inherentes a un imperio del crimen organizado. En las tres películas, se es testigo de traiciones, decepciones, sorpresas, anticipaciones, muertes, pero el hilo conductor que mantiene al espectador atrapado, es la sucesión del poder de “el padrino”, encarnado por Marlon Brando como Don Vito Corleone, a uno de sus hijos, Michael (Al Pacino). En ese pasaje, Al Pacino es víctima de la imposición familiar, de la tradición, de seguir con la mafia que había mantenido su padre por tanto tiempo. En la disputa por la herencia del poder, se encuentra su hermano Sonny (James Caan), pero es demasiado débil y vulnerable para llevarla a cabo. Durante la maduración de Michael, se encontrará con una mujer que lo acompañará a lo largo de su vida, ella es Kay Adams (Diane Keaton), quien debe soportar la lógica interna de la mafia, pese a estar enamorada del hombre que la encabeza y no de su mal llamado reino.

Es Michael Corleone quien se encontrará en una constante disyuntiva existencial. Entre su padre y la mafia, su esposa y su mandato, su hija y las amenazas y por último, su salvación y la muerte. Su constante indecisión, su poder, su carácter y su posterior arrepentimiento, serán deudas pendientes que nunca podrá saldar consigo mismo, y eso ya puede predecirse desde la gestación de su liderazgo mafioso.

A lo largo de las tres películas, se encuentran apariciones muy interesantes como la participación de Robert Duvall (Tom Hagen), como la mano derecha y fiel lazarillo de Don Vito Corleone, y en la segunda película (1974), la aparición de Robert De Niro (Vito Corleone), en la personificación de la juventud de Vito. La tercera película hará gala de la hija del director y a su vez futura directora de otros proyectos cinematográficos, Sophia Coppola (Lost in Translation), como hija de Michael Corleone, Mary y Andy García, como hijo ilegítimo de Sonny quien conducirá a la familia a la destrucción cuando se involucre en el tráfico de la cocaína.

Hasta el momento contamos con un elenco que rinde homenaje a la obra maestra de Puzo y un director al que no muy convencido, se lo persuadió lo suficiente para que quince años después hiciera la tercera y última parte (1990). Esta última, atravesó por problemas económicos, mal recibimiento de la crítica pero aún así, la trilogía en su totalidad, obtuvo un promedio de diez nominaciones al oscar con tres estatuillas otorgadas a mejor película, actor (Marlon Brando) y guión adaptado y un ciclo entero de filmación que marcó a más de una década que enorgullece al séptimo arte hasta nuestros días. Pero todavía el relato no es suficiente para abarcar todos los aspectos que hacen del padrino, una película más que memorable. Los elementos que la componen, van desde la mirada tradicionalista, semejante a pioneros como Federico Fellini en “Ammarcord”, hasta una visión costumbrista de la familia italiana asentada en Estados Unidos. La noción de “familia unida”, la sobremesa, la camaradería, el compañerismo, se siguen manteniendo pese a su naturaleza mafiosa de ser. También se aprecia un fuerte “machismo”, ya que quienes “cazan”, son los hombres, mientras que las mujeres se dedican a los quehaceres del hogar. El padrino es un libro abierto a la intimidad de una mafia, a cómo ésta se articula, se organiza, convive, perdura, sin alterar su núcleo, sus raíces, sus orígenes, hasta que, como todo imperio, llega a su inminente final.

La iluminación tenue, el color sombrío, la cámara que digiere cada uno de los momentos de reflexión que tienen aquellos que desafían a la muerte diariamente, son algunos de los ingredientes que hacen de la dirección de Coppola una marca inconfundible en su forma de relatar una historia biográfica aunque ficticia. La escenografía y las locaciones elegidas para filmarla, fueron precisas y vívidas para situar a la familia italiana contemporáneamente y luego en la segunda película, mediante retrospectivas en diversos pueblos de Italia, simbolizando los orígenes sicilianos.

Un elemento cúlmine pero no menos fundamental, es el provisto por la música. El tema central identificado como “Godfather’s Theme”, el waltz que comparte Michael Corleone en la tercer película, con su hija Mary, están compuestas en su mayoría por Nino Rota a excepción de la famosa ópera “Cavallería Rusticana” que toma lugar en una de las escenas más dramáticas de la última película que desde ya no develaremos, para generar incertidumbre en aquellos que se sientan tentados de verla algún día. La orquesta corporiza y enfatiza la escena y marca el fin de una era, de una familia, de una mafia, que se fue fragmentando con el tiempo. Para Michael, el tiempo no fue suficiente para redimirlo.

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